NADA ES IMPOSIBLE
(Primer ascenso del milenio a Island Peak)
Por: René Méndez
Mayo del 2000

EN LA DECADA DE LOS EXPLORADORES

Nací en la década de los exploradores, unos cuantos años después de que John F. Kennedy defendiera la exploración espacial. "¿Por qué ir a la Luna?, es como preguntarse por que escalar la montaña más alta. Nosotros escogimos ir a la Luna no porque sea fácil sino por ser difícil, por que esa meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestra energía y habilidades, y por esa meta estamos dispuestos a luchar y en ella intentaremos ganar". Estuve muy a tiempo para presenciar ese sueño hecho realidad años después, desde entonces supe que lo parece imposible en el reino de la  ilusión e imaginación se puede hacer realidad con trabajo, esfuerzo y dedicación. 
A esa edad jugaba con mis muñecos de acción y mis temas favoritos eran la exploración del espacio y de grandes montañas. Tirado en la alfombra de la casa al pie del piano de mamá imaginaba que éste era una montaña muy alta que mis muñecos habían de escalar sorteando infinidad de obstáculos para llegar a la cima. No obstante eso sucedía solo en mi imaginación pues la sobre protección de una madre amorosa me hizo un niño miedoso, inseguro y delicado incapaz de intentar algo así. A demás tenía una terrible fobia a las alturas que me impedía incluso subir edificios de más de diez pisos o asomarme desde una azotea por lo que nunca considere ni por un momento el poner un pie en una montaña. 
El tiempo paso y me dedique a la vida profesional que te lleva a vivir una vida sedentaria, encerrado en cuatro paredes envuelto en la corriente vertiginosa del día a día en la cual dejamos generalmente ese tipo de sueños "para después" mientras la vida se nos va como el agua entre las manos.

LA JUVENTUD PRECIOSO TESORO

Tuvieron que pasar muchos años para que "la crisis de los treinta" me hiciera reflexionar sobre lo breve de la vida y el tesoro que es la juventud, fue entonces cuando entendí que lo que no hiciera en ese momento difícilmente mi cuerpo me lo permitiría años después.

Por tanto me inscribí en un curso de escalada en roca en el club deportivo a donde asisto (Sport City) para enfrentar de cara ese temor que me impedía realizar esos sueños de mi niñez.

LA FILOSOFÍA DE "LOS DOS METROS"

En mi primera practica Andres Sheaffer, mi instructor, me tuvo que bajar de emergencia cuando solo habíamos ascendido unos ocho metros, pues me dio tanto miedo que mi cuerpo comenzó a temblar sin control. Me aterraba la idea de caer, me preocupaba lo difícil que se veía el camino cuesta arriba, en como iba a bajar después, en el vacío que dejaba detrás, en lo que pasaría si me caía.

Pero Andrés me tuvo paciencia y al otro día me dio un consejo que aún recuerdo "olvídate de lo que queda atrás y de lo que vendrá concéntrate solo en dos metros a la redonda, resuélvelos y luego sigue con los otros dos". Reflexione mucho sobre eso y sobre su trascendencia en la vida cotidiana. Me pregunte cuantas veces no me preocupo demasiado por el futuro, un futuro que muchas veces no llegara, y cuantas otras vivo atormentado por el pasado en lugar de disfrutar y dedicarme al presente. Fui perseverante, y por fin llegó el día en que hice mi primera cima en "El chico Hidalgo, "el Fistol". Aún recuerdo con entusiasmo como de dos metros, en dos metros alcance la cima. Ahí arriba me pregunte cuantas otras cosas no habría que el temor me impedía conocer, cuantos otros sueños estaban ahí en el tintero sin realizarse por desidia y por miedo. Debido a mi poca capacidad técnica en la roca decidí incursionar en la alta montaña donde pensé que el esfuerzo físico es mayor que la capacidad técnica.

LA VERDADERA COMPETENCIA

"El guerrero más poderoso es aquel que logra vencerse a si mismo" - Netzahualcóyotl -

Por azares del destino empecé por la montaña más alta de México y todavía recuerdo como en Enero de 1999 y de la mano de otro Andrés, Delgado (no que estuviera flaco sino que se apellida así), llegué a pisar ese hermoso y peculiar punto de mi país que es la cima del Pico de Orizaba para vencer mi temor a la altura y al hacerlo aprendí a conocerme más a mi mismo.

René Méndez en el Pico de Orizaba

Fue ahí cuando comprendí que la verdadera competencia es contra uno mismo, contra nuestras limitaciones y debilidades. El que logra el éxito en tal empresa es un verdadero ganador. Contrariamente en la vida regular se nos enseña a competir contra otros en una lucha injusta, ya que todos somos diferentes. Esta filosofía nos lleva a generar envidias de lo que otros tienen y lo que nosotros no hemos podido alcanzar. 

UNA GRAN OPORTUNIDAD

En ese mismo año hice cima en dos ocasiones en el Iztazihuatl en una de ellas tuve ocasión de conocer a Waldemar Franco, uno de los fundadores y dueños de una empresa de Aventuras que se llama Río y Montaña, quien me invito a participar en la primera expedición comercial de su compañía a los Himalayas, con miras a escalar el Imja Tse ó Island Peak. Un pico de 6,700 metros situado frente al Lothse. Cuando recibí la invitación el corazón me dio un vuelco pensé los "Himalayas son palabras mayores", ¡es una expedición de un mes! muy diferente al fin de semana de las montañas mexicanas.

Sabía que era difícil, debido a mis responsabilidades como subdirector de Calidad en Banco Bilbao Vizcaya, el poder conseguir un mes de vacaciones, lo mismo sucedía con mis estudios de postgrado. Por otro lado era una oportunidad única para consolidar mi sueño de pequeño, para agradecerle a la montaña lo que había aprendido de ella en tan poco tiempo, para expandir mis límites, para adentrarme en la magia de ese lugar tan distante, para celebrar de forma muy especial mi arribo a lo que creo será el final de la primera parte de mi vida.

LA PREPARACION

Previo a esta expedición Alfonso de la Parra nuestro líder (copropietario de Río y Montaña y tercer mexicano en el Everest), se preocupo en cuidar cada uno de los detalles del viaje desde el plan de entrenamiento que consistía en escalar cuatro de las cinco montañas más altas de México, cerrando con una practica muy fuerte en el Pico de Orizaba donde dormimos a 5,000 metros de altura. También recibimos platicas sobre las religiones y costumbres de la zona con la idea de ser respetuosos y entendedores del medio en que viviríamos por casi veinte días.

Me prepare lo mejor que mis compromisos del día a día (la escuela y el trabajo) me lo permitían, no con la misma disciplina de mis tiempos del atletismo pero sí con la misma ilusión y entrega.

EL PRIMER OBSTACULO

Con toda la ilusión en mi corazón y una gran voluntad por pisar lo alto de esa montaña salí para los Angeles el día 13 de abril. Al llegar me tope con el primer gran obstáculo Aeromexico había "perdido" mi maleta conteniendo todo mi equipo de escalada que había juntado con tanto cuidado para este viaje. Lo primero que pensé fue en no hacer el viaje a Nepal puesto que sin equipo sería una locura meterme a las montañas. Pero recuerdo que durante el vuelo había estado leyendo un libro sobre el budismo y en él venían varias enseñanzas de Buda entre ellas la del apego a las cosas materiales que nos lleva a una "felicidad" vacía. Por ello pensé que al final solo eran "cosas" y que seguía conmigo lo más importante para escalar: mi cuerpo, mi fuerza y mi voluntad. Otra de las enseñanzas de Buda "el vivir el aquí y el ahora" (la versión tibetana de "la filosofía de los dos metros") me hizo entender que "el hubiera viajado por otra línea", "hubiera …" no existe y que no tenía sentido regresar a México furioso a iniciar un pleito, en lugar de ello debería de enfocar mis esfuerzos y energías hacia delante en pos de mi sueño y entender que éste sería tan solo un obstáculo más por superar. Después de levantar mi reclamación salí del aeropuerto tan solo para encontrarme con otro problema. Al subirme a la camioneta que pensé me llevaría a mi Hotel fui sujeto de un intento de asalto. Cuando me percate de ello me pregunte ¿el porque de tanta adversidad?, sabía que de perder mis documentos sería imposible tomar el vuelo transpacifico del día siguiente. En esos momentos pensé tontamente si sería una señal del "más allá" para no ir a esa montaña. Afortunadamente reaccione saltando fuera de la camioneta para ser sujeto de una persecución a pie por parte del ladrón, un tipo alto, de color. Fue ahí cuando me di cuenta que había entrenado bien pues a pesar de las zancadas del sujeto pude llegar a una gasolinera para pedir auxilio. Por fortuna la policía de los Angeles es bastante más eficiente que la nuestra y todo quedo en un buen susto.

COMIENZA LA AVENTURA

Por fin después un viaje muy largo y de pasar unos días en Kathmandú donde pude reponer parte del equipo salimos para Lukla (2,850 mts. Sobre el nivel del mar) primera población en las montañas de donde comenzaríamos a caminar. El aterrizaje fue digno de una película de "Indiana Jones", sobre una pequeñísima pista inclinada en la ladera de una montaña.

Fue ahí donde conocí a esos hombres admirables por primera vez. Esos hombres de cara sucia y vestimenta sencilla, de baja estatura pero de gran fortaleza, con esos ojos brillantes que reflejaban paz, alegría y sencillez. Eran los sherpas, una tribu que vive en lo alto de las montañas Himalayas cuyo trabajo, para mantener a sus familias, consiste en llevar grandes cargas en sus hombros para que los "hombres occidentales" con sueños tontos de grandeza, como yo, puedan vivir cómodamente a lo largo de su travesía por esa tierra.

Un porteador sherpa con su impresionante carga por el camino del Kumbu, parque nacional Sagarmatha.

Comenzamos la caminata por el fondo de un cañón dentro de un bosque de coníferas con oxigeno en abundancia, enmarcado a cada lado por las montañas más altas de la tierra, junto a un río de aguas cristalinas de color verde esmeralda. Ahí fuimos testigos de paisajes que arrancarían suspiros de cualquier mortal. Puentes colgantes de todas clases y tamaños nos permitían el paso de uno a otro lado de los ríos y poco a poco, caminando de seis a ocho horas diarias fuimos adquiriendo más y más altura pasando por las aldeas sherpas donde generalmente pasábamos la noche en nuestras tiendas.

Un atardecer en el parque nacional Sagarmatha camino del Kumbu. 

UNA PAUSA ESPIRITUAL

En Tengboche (3,875mts.) tuvimos la oportunidad de ser recibidos por el Lama del monasterio que nos permitió el acceso a una de sus ceremonias religiosas. Pudimos ser testigos de sus mantras y cánticos de graves sonidos que hicieron vibrar nuestros pechos como si quisieran penetrar en ellos. El sonido de un corno largo y grave parecía dar pausa entre mantra y mantra y después el silencio... el cual era roto solo por el sonido gutural del Lama principal al dar entrada a la siguiente mantra.

A pesar de la atmósfera fría, y de fuerte olor a incienso, del monasterio es increíble ver como los monjes de cabezas rapadas solo llevan puesto una sola túnica y andan descalzos.

Después de la ceremonia recibimos de parte del Lama una "bufanda" de seda y el "Ommmm" que es la contracción de "Om mani padme hum" que significa "buena suerte y larga vida para todos".

EL TEMOR AL FRACASO

Después de esa bella experiencia espiritual salimos de Tengboche con nueva energía y con una sola cosa en mente: la cima del Island Peak. Fue entonces cuando tuvimos noticias de varias expediciones, entre ellas una mexicana, que no habían podido hacer cima en el Island Peak debido a una grieta, según dijeron, que impedía el camino a la cumbre. En otras montañas había noticias de fracasos similares debido al mal clima. En el Everest, donde por cierto se encontraba otro mexicano, nadie había pasado del campamento dos y en el Amadablam la cima se le había negado a otro equipo mexicano debido también al mal tiempo.

El temor a que un viaje tan largo y complicado no tuviera los resultados esperados se hizo presente y pensé que sería desastroso haber viajado tan solo para frustrar un sueño y perder mi equipo.

Arribamos a Dingboche (4,410 mts). El bosque había quedado atrás, el paisaje se había tornado hostil, los árboles habían sido substituidos por pequeños arbustos y por un paisaje lleno de tierra y rocas. Estábamos muy cerca de las montañas, por la mañana éramos sorprendidos por bellas vistas del Everest, Amadablam y por vez primera tuvimos una bella vista de "nuestra" montaña el Island Peak. A partir del medio día el cielo se cerraba y el campamento era cubierto por una densa neblina.

 

El Ama Dablam considerada la montaña más bella del mundo.

Ahí tuvimos una practica de aclimatación en un "cerrito" de 5,000 metros de altura. Para el tercer día el grupo había sido golpeado por varias enfermedades, básicamente gripa y problemas de altura, en lo personal tenía un poco de dolor en la garganta, algunos síntomas de gripe y malestar por la altitud (dolor de cabeza y nausea).

Al día siguiente el mal clima continuo y amaneció bajo una fuerte nevada. Alfonso de la Parra, nuestro líder había pedido a los sherpas conseguir una escalera con la idea de poder usarla en las grietas, así mismo había decidido cambiar el plan original pidiéndonos ir directo al campamento base del Island Peak, quitando así los días de aclimatación en otras montañas y esforzándonos para en un solo día, en lugar de en dos, llegar al campamento base del Island Peak. Con la idea de estar el mayor tiempo posible cerca de la montaña a la caza de una ventana de buen clima para intentar la cima.

UN TRISTE ADIOS

Desgraciadamente cinco de nuestros compañeros, no se encontraron en condiciones de comenzar la travesía por lo que desistirían de escalar. Por esta razón el grupo de escalda se redujo a tres: Waldemar, Poncho y yo. Siendo acompañados por tres porteadores, dos sherpas de montaña y el cocinero.

Entre abrazos y buenos deseos nos despedimos del resto del grupo y al comenzar el trayecto fuimos cubiertos por una espesa neblina que nos impedía ver la pared del Nuptse y el Lothse paralela a la cual íbamos caminando. En nuestro camino encontramos un paisaje desolado, helado, fantasmal. El bullicio de la gente, las campanas de los yacs (esos hermosos "toros" peludos que ayudan también a subir la carga alas montañas) habían quedado atrás y el impresionante silencio solo se rompía cuando tropezábamos con alguna de las miles de rocas que impedían nuestro camino.

Hicimos una pequeña escala para comer en Chhukhung (4,730 mts.) y pronto continuamos nuestro camino por ese desolado paisaje.

Por fin poco antes del anochecer arribamos al campamento base, que se encontraba en una cuenca cubierta de roca y nieve digna del más enigmático paisaje marciano, a un lado estaba la pared del Island Peak y del otro una montaña sin nombre.

Ahí a más de cinco mil metros de altura y en uno de los lugares más recónditos del planeta pasaríamos los próximos días con una sola ilusión en el corazón ser la primera expedición de la temporada en alcanzar la cima.

Al otro día por la mañana estaba en nuestro plan comenzar un periodo de descanso para estar listos para una posible ventana de buen tiempo, no obstante Poncho decidió ir a visitar el campamento alto como parte de la aclimatación. Así pues salimos a buen paso y sin carga, por lo que una hora y cuarto después nos hallábamos a 5,700 metros en el campamento alto, nuevamente el clima comenzó a cerrarse y una tenue nieve comenzó a caer, por lo que comenzamos el descenso. 

Mientras tanto nuestros sherpas habían subido hasta donde estaba la grieta con la idea de fijar la escalera que en teoría nos permitiría el paso a la cima.

¡LAS ESTRELLAS!

Por la tarde el cielo se despejo y por primera vez en varios días pudimos ver las primeras estrellas del anochecer, Poncho dijo que esa oportunidad tal vez no la volveríamos a tener y que sin los días de descanso y comenzando desde el campamento base esa noche deberíamos intentar la cima. En lo personal me preocupaba el hecho de no haber descansado pues temía que mi condición física no fuera suficiente para hacer ese esfuerzo extra. No obstante me sentía muy aclimatado y los problemas de mi garganta habían quedado atrás, así pues era una gran ventaja el estar sano y fuerte el día anterior a nuestro intento, razón por la que estuve de acuerdo con el plan.

En esos momentos llegaron nuestros sherpas con la noticia de que la escalera solo sirvió para superar una grieta pero que más adelante sobre la misma arista y unos treinta metros antes de la cima había otra mucho más grande que impedía el paso, para la cual la escalera era insuficiente, por tanto "summit no possible" (cima no posible) dijo Chenchen sherpa en su ingles de acento extraño.

Poncho pregunto si se podía escalar bajando por la pared de la arista justo antes de la grieta y volviendo a subir después de ella. Chenchen contesto "no posible"(imposible), "why?" (por que) Poncho replicó, "Tomorrow you will see" (mañana tu veras) dijo Chenchen.

Este año la montaña era muy diferente pues los cambios climáticos del planeta habían provocado que parte del agua de los glaciares se trasladara a otras partes del mundo con graves consecuencias. Lo que sucede acá nos afecta allá, es un solo planeta, una unidad. Las divisiones políticas y geográficas que aíslan a los hombres no son suficientes para aislar los problemas ecológicos de nuestra madre tierra, pues lo entendamos o no nuestro planeta es uno solo, sin divisiones.

Esa noche fue muy especial, nos encontrábamos en la tienda comedor esperando la cena acostumbrada arroz, papas, frijoles y legumbres, pero cual fue mi sorpresa cuando nuestros "satis" (amigos) sherpas llegaron con un rico filete de carne de yac acompañada con papas y arroz frito. ¡Mmmmhh a cinco mil metros de altura eso es todo un manjar!, nos dispusimos a devorar tan delicioso platillo y al terminar, paso algo que aún al recordar me provoca un nudo en la garganta. Se abrió la puerta de la tienda comedor para dar paso a un pequeño hombre de cara y ropas sucias, cuya bella mirada brillaba aún más al reflejar el brillo de ¡un pastel! tan blanco como la nieve que traía entre sus manos.

Esa era la bella manera que tenían nuestros sherpas de decir con hechos "om mani  padme hum" justo antes de nuestra gran aventura.

EN BUSCA DE UN SUEÑO

"La única forma de conocer los limites de la realidad es adentrarse en ellos hacia lo imposible" H.G. Wells

2:00 a.m. del día 27 de abril del 2000. La alarma sonó, el cielo seguía despejado, tres mexicanos guiados por dos sherpas de montaña salieron de sus tiendas en busca de un sueño.

La arista que conduce al glaciar.

Comenzamos con muy buen paso y una hora y media después superamos el campamento alto, justo ahí vi una estrella fugaz cruzar velozmente el cielo y exclame en voz alta "mi deseo es llegar a la cima de esta montaña" a lo que Poncho respondió "así será". El terreno se volvió más complicado, nos encaramamos a una pared como de sesenta grados de roca y hielo desde la cual fuimos testigos del primer rayo de sol de ese día que ilumino las puntas de las montañas vecinas con ese bello color dorado.

Posteriormente llegamos a una arista nevada un tanto expuesta que daba inicio al glaciar, para entonces habíamos pasado ya a otras tres expediciones que habían salido del campamento de altura.

Comenzamos a caminar por ese hermoso y blanco glaciar que nos condujo a un pasadizo de hermosas paredes de hielo de formas caprichosas. Justo ahí enfrentamos la primera grieta, era pequeña como de dos metros de ancho pero suficiente para ponerme los pelos de punta y menguar mi firme voluntad de alcanzar la cima, no obstante después de un profundo suspiro me dispuse a saltar para pasar al otro lado. A los treinta metros otra grieta más, de unos cuatro metros que tuvimos que pasar colgados de una pared de hielo duro, muy resbalosa  que hacia difícil la entrada del piolette y los crampones, esta me costo aún más trabajo pero al superarla pensé inocentemente que por fin las grietas habían quedado atrás.

Waldemar Franco brincando sobre la primera grieta.

Después de cruzar un glaciar plano, siendo las 8:30, llegamos a la base de la última pared, como de 400 mts. de altura en la parte más alta y unos 1,000 metros de ancho cuya inclinación se iba haciendo cada vez más vertical hacia el lado derecho en cuya parte alta se encontraba la cima. Fue ahí donde Chenchen nos explicó que la grieta estaba justo en la arista. Después de analizar la situación Poncho planeo una ruta que consistía en comenzar por la ruta normal hasta la mitad de la pared y desde ahí realizar una travesía hacia la derecha pasando por debajo de ambas grietas hasta llegar a la altura de la cima donde se realizaría un ascenso directo.

La pared final. La línea de la derecha marca la ruta normal que conduce a la arista donde estaban las grietas. La segunda línea marca la nueva ruta que intentaría la expedición mexicana.

Esto implicaba una escalada de mucho mayor nivel sobre una pared de hielo inexplorada hasta ahora cuya vertical iba aumentando hasta llegar a los noventa grados en la parte más alta. Los sherpas sin estar muy de acuerdo decidieron intentarlo.

Poncho le dio los tornillos de hielo a Karma quien comenzaría a puntear, pero no eran suficientes. En esos momentos nos alcanzó una expedición Holandesa cuyo líder era otro "Everest summiter" quienes al ver nuestro intento decidieron apoyarnos prestándonos más tornillos para hielo y cuerdas ya que la travesía por la pared sería muy larga.

10:00 a.m. La enorme pared vertical es un duro obstáculo para los alpinistas. La ventana de buen clima se había terminado y comenzó a nevar.

Poco a poco fuimos realizando la travesía por una pared cada vez más vertical y de superficie muy variada. Con un solo piolette y sin experiencia previa en hielo tan solo con la voluntad de seguir avanzando fui escalando poco a poco esa pared. En algunas partes al dar el golpe con el piolette la mano se me hundía hasta el antebrazo y la nieve tipo "talco" volaba por los aires, en otras el piolette era rebotado por la superficie del hielo, y en el mejor de los casos entraba permitiéndome subir un poco más. A las 10:00 a.m. el cielo se cerró y comenzó a nevar la situación no se veía nada bien, tal vez lo más sensato en esos momentos era bajar.

EL FRIO

Eran las 11:00 a.m. y de pronto dejamos de avanzar, los sherpas infructuosamente trataban de encontrar un camino para seguir ascendiendo, pero sin éxito. Los minutos pasaban, Alfonso daba instrucciones pero no había avance. El viento comenzó a soplar, el aire enrarecido por la falta de oxigeno llenaba mis pulmones sin dejarme satisfecho. Quince, veinte, ¡treinta minutos inmóviles!.

11:00 La expedición se detiene, la ruta se complica, las palabras de Chen chen sherpa "summit no possible" (cima no posible) hacen eco en la mente de todos.

El frío sé hacia insoportable, decidí intentar ponerme mi chamarra de pluma que afortunadamente había subido como precaución extra, sabía que al hacerlo en esas condiciones de verticalidad ponía en peligro la cordada, no obstante cuarenta minutos de inmovilidad habían hecho que el frío ya me calara en lo más hondo. Con sumo cuidado por fin me la puse, eso me causo un gran alivio.

Por fin a las 11:45 comenzamos a avanzar, sobre una ruta cada vez más complicada.

11:45 Waldemar avanza hacia una de las "terrazas" donde se encuentra Alfonso y los sherpas.

EL MIEDO

Nuevamente mi miedo a las alturas me ataco, el alto grado de inclinación de la vertical y la impresionante vista desde lo alto hasta la base de la pared hacían que mi mente se desordenara pensando en lo peor, pensaba en si debí haber hecho caso a todas esas "señales" para no estar ahí arriesgando de más.

El miedo es difícil de controlar, herencia de nuestro pasado evolutivo que da testimonio de nuestro profundo amor y respeto por la vida, se estaba volviendo nuevamente contra mi.

"Debajo de nuestro miedo a los lugares altos y a las cosas que me rodean por la noche, existe un temor primario, lo que los existencialistas llaman ansiedad ontológica - el miedo a la extinción, al vacío, a la nada, a la muerte -, que es una atmósfera constante en el fondo de la psique. Como el miedo es un fenómeno complejo, crea engaño e infelicidad siempre que le permitamos permanecer inconsciente. Si no conseguimos separar, clasificar, descifrar y desmitificar nuestros diversos temores, aparecen disfrazados." - Sam Keen. - "Aprende a Volar".

Otra vez tuve que combatir contra ese miedo que se nos manifiesta también en el día a día impidiéndonos tomar acción, decidir, crecer. Ese miedo que nos impide vivir una vida en plenitud, en libertad, que nos impide enfrentar lo desconocido y buscar caminos alternos en todos los ámbitos de la vida.

Tuve miedo de caer, de no volver, de perderme como una simple gota en las profundidades de ese inmenso océano de agua congelada.

LA FUERZA DE LA VOLUNTAD

"Hay una fuerza motríz  más poderosa que el vapor y la electricidad ... la voluntad. - A. Einstein -

Con una batalla interna que requirió de toda mi voluntad y deseo por alcanzar la cima, poco a poco fui escalando esa basta pared de hielo hasta llegar al ultimo tramo desde el cual se veía la cima, unos quince metros me separaban de ella, ¡mi sueño estaba a punto de hacerse realidad!, solo quedaba por vencer el último obstáculo, tal vez el tramo más difícil. Sin mirar atrás levante mi mirada sobre esa pared totalmente vertical, jalé todo el aire que pude y con gran decisión me dispuse a escalar la última parte. Con fuerza lanzaba el piolette, apenas se clavaba, pateaba el hielo con los crampones, me resbalaba, insistía, avanzaba, volvía a meter el piolette, pateaba de nuevo, una y otra vez hasta que de pronto la vertiente se torno cada vez más gentil, y la pared comenzó a desaparecer…

¡LA CIMA!

Después de diez horas de intenso esfuerzo me encontraba hincado ¡en la cima del Island Peak!. Mi corazón latía a mil por hora, mis ojos se llenaron de lagrimas, algunas de ellas rodaron por mis mejillas y fueron a formar parte de ese eterno glaciar. En esos momentos en un terreno más horizontal me sentí a salvo, y comencé a asimilar poco a poco lo que habíamos hecho, todos los obstáculos se habían superado, y ¡todo el esfuerzo había valido la pena!.

Siendo las 12:45 del día 27 de abril del 2000 ¡me convertí en el hombre más feliz del planeta tierra!.

René Méndez en la cima del Island Peak.

Poco a poco me incorpore y comencé a contemplar la inmensidad de aquel lugar. Pude observar esa impresionante cadena de montañas que se entrelazan con las nubes y que parece no tener fin. Mi mirada se perdió en la inmensidad de esos picos nevados que se esfuerzan por alcanzar el cielo. Hacia el sur había una inmensa e interminable cordillera de montañas dentro de la cual se veía el Ama Dablam, que ya no era más aquel pico alto e imponente que divisamos desde Dingbouche, ahora era solo un pico más, parte de una gran cadena de montañas. Hacia el norte donde se suponía estaba el Lothse y el Everest no se veía nada debido a la nevada.

Vista sur desde el Island Peak, en la parte inferior derecha se aprecia la grieta.

Desde ahí se veía perfectamente la grieta enorme sobre la arista sudoeste que nos había llevado a intentar esa nueva ruta.

René con la bandera del Sport City patrocinador oficial

Desplegué la bandera de mi club, Sport City, para disponerme a tomar la foto de cima, continúe con la del BBV, ambas empresas cuyo apoyo fue importante para lograr el éxito.

Levante los brazos al cielo, me sentí más vivo que nunca, disfrute de la nieve que caía sobre mi cabeza, disfrute del aire frío, seco, "sin sabor" que golpeaba mis mejillas. El sueño de toda una vida se había realizado, el piano (mi montaña de pequeño) se había vuelto realidad, ¡me encontraba ahí!, parado en una de las puntas del techo del mundo: las montañas Himalayas. Mientras tenía la mirada perdida sobre el horizonte, vi llegar a los holandeses y nos comenzamos a felicitar en el idioma universal: el del corazón. Vivas, abrazos, apretones de manos, todos éramos hermanos, unidos todos por una cuerda y compartiendo una gran felicidad.

René luce orgulloso la bandera de Banco Bilbao Vizcaya

Poncho comenzó a preparar el descenso, probó los sistemas y se perdió por la vertical, yo le seguí, luego Waldemar, y después nuestros sherpas, así uno a uno comenzamos el descenso mientras la nieve caía cada vez más intensamente.

Alfonso de la Parra comienza el complicado descenso

Haciendo el último esfuerzo y sacando fuerzas de donde pensé ya no había, siendo las 5:00 p.m. y después de las quince horas más intensas de mi vida entre a mi tienda de campaña.

Ahí boca arriba, tirado en el sleeping bag entendí que para eso es la vida, para llevar el cuerpo a sus límites, para expandir estos, para usar sus capacidades al máximo. Para de esta manera defraudar a la muerte cuando llegue. Para que nos encuentre desgastados, usados, descosidos y no tenga mucho por llevarse solo los desechos de una vida vivida con intensidad.

Con una gran satisfacción por lo realizado suspire y cerré mis ojos hasta el día siguiente.

Agradezco mucho las palabras de aliento de Waldemar Franco, que me animaron en los momentos difíciles. También a la enorme experiencia que Alfonso de la Parra puso siempre al servicio del equipo.

Pero sobre todo agradezco a esas bellas personas, esos bellos hombres de corazón abierto, de mirada apacible, de risa desbordante, de vestimenta sencilla, esos hombres que se toman de la mano sin complejos en señal de amistad, esos hombres que arriesgan sus vidas por un tonto sueño occidental. Esos pequeños pero grandes hombres de la montaña sin los cuales la conquista de esos grandes picos nunca hubiera sido posible. Ellos son los verdaderos héroes.

Gracias mil a todos mis "satis" en especial a Pasan nuestro Sidar (Jefe de los sherpas), Asman nuestro cocinero, a Kharma sherpa de montaña y a Chenchen sherpa de montaña también, quien aprendió junto con nosotros una valiosa lección que "everething is posible" (todo es posible) siempre que lo busquemos con decisión, esfuerzo y voluntad.

Por más que me esforcé nunca pude conquistar a la montaña, la montaña simplemente me conquisto a mi.

René Méndez