No hay una montaña suficientemente alta.
Para René no existe una montaña lo suficientemente alta como para hacerle rendirse. Ha superado muchas dificultades. Su subida al Himalaya es un reflejo de lo que ha pasado a lo largo de su vida y su actitud ante los retos.

René se agarra a la pared helada del Himalaya como puede. La ventisca azota su rostro y su cuerpo y siente que se empieza a congelar. Saca como puede de su mochila su zamarra de plumas y se la pone por encima de cualquier manera. No puede soltarse. Está ahí, agarrado con unos crampones y un piolet que apenas son capaces de clavarse unos milímetros en el hielo azul pulido por el viento después de casi diez horas de ascensión.

Se pregunta, si han hecho bien. Si debían haberse dado la vuelta, como el resto de expediciones, en lugar de intentar abrir una ruta nueva. Ni siquiera llevan el equipo necesario, menos mal que los italianos les han prestado los piolets y unas cuerdas.

Piensa si se habrá equivocado al decirles a, Alfonso y Valdemar, sus compañeros de aventura, que sí, que se atrevía a intentar esa ruta desconocida. Me voy a arrepentir toda la vida si no lo intento, fueron sus palabras. No precisa mirar hacia arriba para saber que sus dos compañeros están igual, agarrados como pueden a la montaña. Pero ellos son expertos y, para René, esta es la primera subida a una cima de las grandes.

Le viene a la cabeza su vida entera. Su familia humilde y su obsesión por mejorar esa situación. Sus compañeros de BBVA y el propio banco, que le ha dado un mes de permiso para participar en esta expedición. Tanto entrenamiento en el gimnasio, tantos ánimos de sus compañeros. Estamos seguros de que lo conseguirás, le decían todos.

En este momento, René no está seguro de poder satisfacer esas expectativas. La cima, tan cercana, parece inalcanzable. Tanto esfuerzo, tanto sacrificio y ahora tanto miedo. La montaña no es como el fútbol, que si pierdes un partido ya está; en la montaña, si te equivocas, te dejas la vida, piensa. Sabe que no puede defraudar a tanta gente y, sobre todo, sabe que no puede defraudarse a sí mismo. Después de todo lo que ha pasado para llegar hasta Nepal, los problemas físicos que han hecho que sólo quedaran ellos tres de todo el grupo, la grieta en el hielo de la ruta prevista que ha frustrado el intento de las demás expediciones y que los ha obligado a intentar un nuevo camino…

Tampoco puede defraudar a ese niño pequeño al que le daban miedo las alturas, que no quería ir a casa de su tío porque la escalera era demasiado frágil y temía caerse; a ese joven que había sido capaz de superar esos miedos y aprender a disfrutar de la montaña.

Vamos, René, arriba, se dice a sí mismo. Y centímetro a centímetro, le gana la batalla a la montaña y al mal tiempo, como lo ha hecho toda la vida: con determinación y con la obsesión por ser mejor cada día, por superar todos los obstáculos.

De pronto escucha: ¡ya llegaste güey! Y ve que su piolet está a punto de clavarse en la bota de Valdemar. Que está en la cima. Siente que las lágrimas brotan de sus ojos, que por fin ha hecho realidad su sueño. Para él no es una cima más, como para sus compañeros. Es su primera cima. Se le viene encima todo lo que tuvo que superar para llegar allá arriba. Todo es posible, se dice a sí mismo.

Las fotos en la cima ilustran su hazaña. La primera. Su rostro, su relato y sus logros personales y profesionales dejan bien claro que para él no existe una montaña lo suficientemente alta.


Perfil
Nombre: René Méndez
Puesto: VicePresident Marketing Campaigns
Función: Seleccionar el producto adecuado para el cliente adecuado y ofrecerlo por el canal adecuado
Hobby: Montañismo
Prox Sueño: Subir el Mont Blanc (la montaña más alta de Europa)

Llevo 19 años trabajando para el Grupo. Comencé en Probursa, que fue el primer banco que BBVA tuvo en México. Me tocó el reto de todo su crecimiento y la integración en BBVA y también en la fusión con Bancomer. Fue curioso, porque justamente había conseguido el permiso para irme al Himalaya y cuando regresé, el banco se había fusionado en España con Argentaria y en México con Bancomer y yo decía, ¡no puede ser que haya pasado esto en un mes! (risas).

Cuando me preguntaron si quería ir a Estados Unidos, sentí que iba a ser difícil, que era otro idioma, otra cultura. Tenía que aprender hasta a manejar otra vez, porque aquí las señales son diferentes. Pero si algo he aprendido del alpinismo, es que los retos siempre sacan lo mejor de ti mismo. Ahora llevo ya seis años en el país. Estuve dos con Financia y luego pasé a Compass.

Es curioso, el Grupo siempre me ha estado dando pequeñas montañas, retos para superar. En estos años que he estado en Estados Unidos, he crecido mucho como persona y como profesional, porque siempre he estado en sitios en los que estábamos empezando. Siempre luchando por abrir nuevos mercados y nuevos proyectos.



Admirador de Carlos Soria

Cuando me enteré de que Carlos Soria iba a subir otra montaña a los 73 años me dije wow, este hombre es un fuera de serie. Es un gran ejemplo para todos los que amamos la montaña. Quiero felicitar a BBVA por apoyarlo, porque el alpinismo es un gran deporte y Carlos es admirable. Es un orgullo que el Grupo en el que trabajo lo apoye en esta aventura, la verdad.

Sólo con que hubiese subido un “ochomil”, ya tendría todos mis respetos. Pero es que sólo le faltan dos. Y la que va a intentar ahora es una montaña superdifícil, con mucho riesgo de avalancha y con una ruta muy técnica y muy complicada.

Le diría que lo importante es bajar con vida, que logre la cima o no la logre, es un ejemplo para todos nosotros y para toda la comunidad de alpinistas, que lo que él ha hecho no lo va a hacer nadie en mucho tiempo.