En el Siglo de los Exploradores

Resumen del Capítulo

“Eres un niño pequeño. deseas la luna para beber de ella como de una taza dorada;
 
y por eso es muy probable que llegues a ser un gran hombre...
ojalá siguieras siendo un niño pequeño.
todos los grandes del mundo fueron niños pequeños que deseaban la luna;
corriendo y saltando atraparon a veces una luciérnaga.
Pero si uno crece hasta tener la inteligencia de un hombre,
comprende que no se puede alcanzar la luna y que aunque se pudiera no la querría...
y tampoco atraparía luciérnagas.”

John Steinbeck (La taza de oro)

Esta historia comienza en el siglo pasado, el “siglo de los exploradores”, en una época en la que el espíritu humano deseoso de conocimiento y descubrimiento nos lleva a recorrer hasta los más recónditos lugares de la tierra y mucho más allá. Es un tributo a los grandes exploradores como Mallory que se adentro en la montaña más alta de la tierra para hacerse inmortal, como Neal Armostrong que comandó el primer aterrizaje humano en otro mundo o como Albert Einstein que con el poder de su imaginación viajo a los rincones más alejados del universo.

"No sabemos con certeza quien fue el primer explorador del que se tenga noticia, tal vez todo comenzó con aquel que se atrevió a dejar la seguridad de una caverna para adentrarse en los peligros de la planicie, o tal fue aquel que se embarco en una primitiva balsa para cruzar del otro lado del río, o ese otro que se pregunto como sería ver el mundo desde lo alto de una montaña y se encaramo sobre de ella. Lo que sí esta claro es que el espíritu de exploración ha vivido dentro de nosotros desde siempre, pero tal vez fue en este siglo donde alcanzo su máximo nivel porque llegamos a explorar el fondo del océano, construimos vehículos todo terreno para conocer cada uno de los rincones de la Tierra, incursionamos en los planetas lejanos con nuestros robots y escudriñamos las profundidades del universo con nuestros telescopios..."

Todos ellos estimularon la imaginación de un niño pequeño, solitario, inseguro y temeroso. Pero dentro de este frágil cuerpo se encontraba encerrado un espíritu de explorador que, inspirado por esos grande hombres, soñaba con grandes aventuras. Pero eran solo eso: sueños, porque era incapaz de llevarlos acabo debido a sus temores.

 Por ello “el pequeño explorador” se conformaba con vivir sus aventuras imaginarias a través de sus muñecos de acción, soñando con escalar montañas.

 “...nuevamente me encontraba solo y un poco desilusionado, pero ello no aminoraba mi deseo de aventura así que empuñando una larga rama hice una “z” cortando el aire frente a mi y con gran decisión y en nombre de los grandes exploradores, me adentré en lo espeso de aquel bosque..."

 Este capítulo nos habla también de cómo los temores y complejos, que se van formando en nosotros durante la infancia debido a un entorno adverso y difícil, nos impiden vivir una vida en plenitud.  Así mismo nos daremos cuenta cómo un niño es susceptible de ser engañado y atemorizado fácilmente por las creencias de los adultos, que a su vez recibieron de otros cuando niños.

 Pero a pesar de todo el espíritu de aventura, el deseo de descubrir y conocer el universo que nos rodea nos guía a recorrer un camino que nos permitirá entender la razón del porque estamos aquí. Es solo dejándonos llevar por él y creyendo en nosotros mismos, que podemos salir avantes de esta complicada pero bella etapa que es la edad de la inocencia. 

El miedo esta presente siempre en todos los exploradores sin importar su edad, se manifiesta como una señal de profundo amor  y respeto por la vida, porque el explorador no va en busca de la muerte sino que está enamorado de la vida. Es sólo mediante el uso de nuestra fuerza interior que podemos vencerle junto con todas las demás adversidades que nos presenta la vida. No obstante este “pequeño explorador” tardará todavía muchos años en aprender esta importante lección...

Ensayos disponibles:  
Libros recomendados en relación a este capítulo:
"El peor viaje del mundo"

La Historia de la sufrida y trágica expedición del Capitán  Scott al polo sur.
Apsley Cherry-Garrard, 1999, Ediciones B/Grupo Z

"El último lugar de la tierra"

Historia de la Conquista de Admunsen del Polo Sur
Roland Huntford, 2002, Editorial Península