EN EL "MAR CUANTICO" LA MUERTE ES TAN SOLO UNA ILUSION
(Extraído y adaptado del Libro Desafiando El vacío)

"La mente Universal es como un gran océano,
con su superficie ondulada y alterada por las olas
pero en su profundidad permanece inamovible."

Buda

“Cuando una flor muere, nace una semilla;
cuando una semilla muere, nace una planta.
Y la vida sigue su camino más fuerte que la muerte.”

Rabindranath Tagore

“No hay en el mundo ni comienzo ni fin. Todo es y no es a la vez.
Los procesos cósmicos forman una cadena ininterrumpida
que no se desarrolla en línea recta
sino que describe un círculo cerrado y se repite periódicamente...
Todo es uno; nada es estable, pues todo deviene, se forma,
se transforma y cambia constantemente. Todo es y no es a la vez.”
Heráclito

 

Albert Einstein propuso en 1935, junto con otros físicos Boris Podolsky y Nathan Rosen un famoso experimento que en su tiempo no se pudo llevar a cabo y que se le denomino debido a lo polémico de sus posibles resultados “La paradoja EPR” (siglas de sus creadores). En este experimento Einstein da un golpe que parecía mortal a la teoría quántica, con una propuesta brillante como era su costumbre.

Ellos proponen un método para conocer las propiedades exactas de una partícula, como por ejemplo velocidad y posición,  evitando los problemas descritos por la mecánica quántica. En su experimento proponen agrupar las partículas por pares, con lo cual interactuarían complementando o compartiendo sus propiedades. Así al separarlos si uno gira a la derecha se sabe que el otro lo hará ala izquierda (para conservar lo que los físicos llaman momento), si una tiene una carga positiva la otra la tendrá negativa. Es aquí donde entra la brillante y simple propuesta de estos tres físicos, que va más o menos así:

Separemos el par de partículas y midamos una sola, no importa que se le afecte por el hecho de la medirla (recodar que al observarla la perturbamos), pero lo importante es que nos dará información sobre su estado y al mismo tiempo podremos inferir información sobre las características de la otra sin necesidad de tocarla. En palabras más simples sería como si tuviéramos un as rojo y uno negro debajo de la mesa y sin que nadie viera nada guardáramos cada uno en cajas separadas, después si al abrir una de ellas encontramos que el as negro esta adentro podríamos inferir sin abrir ni perturbar a la otra caja que el as rojo esta en ella, como la mayoría de las buenas ideas así de simple fue.

Pero aunque la idea era simple técnicamente no lo era tanto pues en esos años no había la tecnología suficiente para manipular estas pequeñas partículas así que el experimento no se pudo llevar a acabo, no obstante los polémicos posibles resultados eran paradójicos por que por un lado el método parecía ser una manera efectiva de “engañar” a las partículas para revelar su secreto pero por otro lado la mecánica quántica revelaba una incertidumbre natural e intrínseca en el reino del átomo y además esta teoría había probado ser correcta en todas sus predicciones.

No fue hasta 1976, más de veinte años después de la muerte de Albert, cuando se tuvo la tecnología para realizar el experimento. Fue entonces cuando la naturaleza nos dio una lección que se recordará por muchos años.

En las entrañas de una enorme estructura subterránea una diminuta partícula se preparaba para hacer un recorrido de cientos de metros por la “pista atómica” del acelerador de partículas. “En sus marcas ... listos ... fuera ....” un electrón salió de su prisión a gran velocidad y entro al túnel donde fue guiado por los campos magnéticos, acelerándolo cada vez más fue ganando poco a poco velocidad hasta llegar cerca del límite máximo para una partícula de materia (300,000 Km por seg.), poco a poco se acercaba cada vez más a su objetivo, una pequeña partícula en el fondo del túnel. Cuando colisiono sobre de ella esta se dividió en dos fotones, tal y como los físicos esperaban, estas dos partículas que ahora llamaremos “A” y “B” se separaron, cada una llevando consigo características que se complementaban con la otra por el hecho de haber estado juntas alguna vez. Estas siguieron su curso por el espacio en direcciones opuestas, alejándose una de la otra a la velocidad que los fotones lo pueden hacer, la máxima permitida, la de la luz.

Cuando se midió a la partícula “A” por el simple hecho de la observación se altero tal y como se esperaba, pero también se obtuvo información de algunas de sus propiedades con lo cual ya se podían inferir las de su pareja. Lo inaudito fue que al mismo tiempo, en el mismo instante insisto, lejos de ahí, tan lejos como puede llegar una partícula que viaja a 300,000 cada segundo, la partícula “B” que ni siquiera había sido tocada ¡se afecto también!. Pero ¿cómo?, ¿por que? Parecía que la naturaleza se negaba a revelar todos sus secretos a pesar de la inteligencia y la creatividad humana, Einstein desde “el más allá” miraba atónito lo que sucedía en este laboratorio terrestre.

Después de todo sí había incertidumbre en la naturaleza, sí hay causas que no parecen tener efecto. La ciencia, siempre comprometida con la verdad, tenía que desistir de uno de sus grandes pilares: la ley de causa y efecto, por lo menos a nivel atómico. Una lección de humildad más dada por nuestro padre el Cosmos: La naturaleza no tiene que ser como nosotros queramos.

Pero aquí hay una lección mucho más importante y es que debido a que la perturbación de la partícula “B” sucede al mismo tiempo que cuando se mide “A”, se infiere que no es que las partículas se envíen mensajes entre si para reaccionar al mismo tiempo, pues nada, absolutamente nada puede viajar al instante, hasta un rayo de luz le tomará tiempo ir en busca de la partícula “B” para avisarle que “A” fue afectada, además debido a que la partícula “B”, que es un fotón, viaja a la velocidad de la luz nunca podrá ser alcanzada por nada, pues esta es la velocidad tope del universo. ¿Entonces como sabe “B” que se afecto a “A”?.

Una de las interpretaciones a este fenómeno evoca una explicación que es tan mística, profunda y misteriosa como el universo mismo. Esta es que las partículas por el simple hecho de haber estado juntas han unido para siempre sus destinos, que quedan ligados irremediablemente entre si de forma que lo que le afecta a una le afecta a la otra. La relatividad nos demuestra que cuando el universo comenzó toda la materia que existe se encontraba reunida en un espacio muy pequeño, por lo tanto estaba relacionada entre si. La mecánica nos indica que por ese simple hecho todo y todos estamos relacionados entre si. Así es estimado lector tú y yo estamos unidos, tu y tu peor enemigo. El hombre y las estrellas, el mar y la montaña, todo, absolutamente todo se relaciona. Por eso cuando herimos a otros nos herimos a nosotros mismos, así es que no podemos ni siquiera arrancar una flor sin perturbar las estrellas.

Culturas tan ancestrales como el Budismo ya lo sabían cientos de años a tras. Los budistas dicen que en el momento de la iluminación una persona puede traspasar sus sentidos para entender la única verdad que es “yo soy aquello, tú eres aquello y todo es aquello”.

Se cuenta que en una ocasión Buda contó esta historia: “Había un rey que hizo traer a todos los ciegos del reino y los puso frente a un elefante y les pregunto decidme como es un elefante?, ellos para poder responder a su pregunta se acercaron a él y tocaron cada uno diferentes partes del elefante. Luego de un rato comenzaron a describirlo: El que toco la cola dijo que el elefante es como una escoba, el que toco la cabeza dijo que el elefante era como una olla, el que toco una pata dijo que el elefante era como una columna. El rey por supuesto reía a carcajadas al ver que los pobres ciegos debido a su limitada percepción del mundo no podían entender que esa pequeña área que percibían estaba unida con otras por que era parte de un todo mucho mayor.

De la misma forma la miopía provocada por nuestra ignorancia nos impide entender que no somos partes individuales, sino tan solo una pequeña parte de algo mucho más grande que nos trasciende y engrandece.

Los indios Piel Roja de norte América también habían alcanzado también esta sabiduría y como prueba de ello cito una frase del Jefe Piel Roja de Seattle:

“El hombre no teje el destino de la vida, el hombre es sólo una hebra en ese tejido, lo que haga en ese tejido, se lo hace a sí mismo”

¿Será acaso coincidencia que culturas tan diferentes, alejadas en tiempo y espacio hayan llegado a la misma conclusión?, ¿será también coincidencia que las leyes de la naturaleza nos digan lo mismo?.

Por otro lado las leyes de la física nos enseñan que en el límite de la materia que compone al cuerpo humano, ahí en el contorno de nuestro piel comienzan los campos gravitatorios y magnéticos de nuestra materia que se desplazan en ondas concéntricas por la eternidad y a la velocidad de la luz por el espacio vecino. Este espacio que nos rodea esta lleno de otras ondas, emitidas por nuestros vecinos, que se interfieren con las nuestras.

Es como si estuviéramos inmersos en un océano de ondas que nos rodean y golpean a cada instante, en el que nosotros a la vez cooperamos generando nuestras propias ondas. En esta analogía nuestros cuerpos podrían ser como icebergs flotando dentro del mar. El hielo sólido sería lo que llamamos materia y el agua liquida la energía, que como bien nos dijo Albert son equivalentes (E = MC2), siendo al fin y al cabo lo mismo pero en diferentes estados, aunque la materia es energía “condensada” ya que de una pequeña cantidad de materia se puede obtener mucha energía lo que se ve claro en la ecuación donde “M” (materia) se multiplica por “C” que es una cantidad muy grande (C = 300,000).

Justo en nuestro contorno sería difícil distinguir la frontera entre lo “sólido” y lo “liquido”, el punto exacto donde nuestra “agua” se comienza a diluir y a partir del cual se mezcla con la del “océano”, es decir la frontera en la que nuestra materia se vuelve energía. El iceberg constantemente tiene intercambios del entorno, aportando agua y recibiendo agua, al igual que el iceberg diario sale y entra materia de nosotros, diario estamos interactuando activamente con el entorno, querer decir que el iceberg tiene su propia agua, que es un sistema cerrado, y que cuenta con limites bien definidos sería tan tonto como pensar que nosotros estamos perfectamente “encapsulados” y aislados dentro de este universo.

Vivimos inmersos dentro de este mar intercambiando energía con todo el tiempo, cualquier perturbación dentro de él nos afecta de formas profundas y misteriosas que todavía no alcanzamos a comprender, pero que nos enseña que todo se relaciona, todo se armoniza.

Por increíble que parezca este libro, tu, yo, mis rivales en la pista, el sol, los planetas y seres de remotas galaxias, aún por descubrir, todos, absolutamente todos, estamos irremediablemente relacionados, formando parte de este Universo que nos envuelve y nos trasciende.

Con el paso de los años los aceleradores de partículas se han perfeccionado y han podido seguir partiendo las partículas en pedazos cada vez más pequeños hasta llegar a los “quarks” que se cree son los componentes básicos de la materia, los hay de diferentes clases y combinados todos ellos forman todas las partículas del átomo. Debido a que todas estas partículas no tienen una posición fija sino de naturaleza estadística, es decir están “un poco aquí y un poco allá”, pueden hacer cosas que a nuestro nivel son increíbles como por ejemplo pasar por dos “puertas” diferentes al mismo tiempo, estar de un lado de una “barda” intraspasable y aparecer de repente del otro  lado, por la “simple” razón de que también hay una probabilidad que estén del otro lado, y pueden también en cualquier momento dividirse en otras más pequeñas. Así de caprichosas son las partículas que forman nuestro universo, Lo increíble es que a nuestro nivel, es decir cuando se agrupan en miles de millones para formar cosas de nuestro mundo cotidiano, no se perciben estos efectos debido a que no todas las partículas se comportan en forma extraña al mismo tiempo, lo que cuenta a nuestro nivel es el comportamiento de la mayoría, es similar a lo que sucede en un estadio repleto de gente donde se percibe en barullo general sin importar que uno o dos estén durmiendo, algunos otros comiendo, o que otros se hayan “desaparecido” para ir al baño, al final no se nota por que el efecto general  es el mismo lo importante en este caso no es un aficionado en particular sino todos en conjunto que integran el estadio.

En todas partes del mundo, en toda cultura y en toda era, existe en los seres humanos un profundo temor a la muerte, que surge desde que el hombre tomo conciencia de su propia existencia, desde que entendió que esta vivo y que la muerte es también parte de la vida y que esta es inevitable. Es este temor el que ha engendrado infinidad de religiones y creencias que traen consigo esperanzas para evadirla, desde “El Cielo” hasta la “reencarnación”, que nos permitan continuar viviendo aunque sea en otra “dimensión”, pero aún así y a pesar de todo la muerte es algo inevitable. Estoy convencido de que este profundo temor esta relacionado estrechamente con nuestro egoísmo, con el hecho de creer que somos seres individuales e independientes a lo que nos rodea, con destino y futuro propio e individual. Este tipo de pensamiento no solo nos hace ser terriblemente egoístas buscando solo el beneficio para nosotros mismos, sino que al ponernos en el centro de toda nuestra existencia, nuestra propia muerte se convierte en la tragedia más grande de todas. Por ello generalmente el egoísmo es proporcional al temor a la muerte. Desde que nacemos somos egoístas al igual que los demás animales pues esto es parte de los instintos básicos de sobre vivencia, este instinto se manifiesta cuando demandamos recursos que necesitamos para sobre vivir, además este egoísmo es reforzado por nuestros padres quienes siempre quieren que seamos los mejores en todo y que nos destaquemos de los demás. También en la escuela desde temprana edad se nos enseña competir, y en el ambiente laboral todo es competencia. Por todo ello se nos dificulta pensar en los demás y entender que somos parte de un todo, por eso vemos en la muerte el final de todo y no tan solo un proceso de transición más de este enorme universo. Pero ese es el gran reto del hombre el quitarse el enorme egoísmo que trae dentro de si mismo, por que es el único animal que puede hacerlo debido a que tiene inteligencia, por que ella le ha revelado que es tan solo una parte de algo mucho más grande, por que solo gracias a ella puede entender que la única forma de trascender es a través de su influencia positiva en los demás, buscando el bien común y no tan solo el beneficio personal. El precio que ha tenido que pagar por ser el único animal que ha tomado conciencia de su existencia y de su muerte es que este conocimiento le persiga como si fuera una maldición a lo largo de toda su existencia, ese es el precio que se tiene que pagar cuando se tiene una característica tan avanzada como el cerebro y a la vez un instinto tan básico como el egoísmo. La única manera de quitarnos esta “maldición” de encima, por increíble y paradójico que nos parezca, es abandonando el instinto básico que ha ayudado a nuestra especie a sobrevivir durante miles de años hasta permitir la evolución de nuestra inteligencia: el egoísmo. El hacerlo es la única forma segura de superar nuestro terrible temor a la muerte.

Utilizando nuestra imaginación podemos movemos de nivel ya sea hacia abajo dentro del reinado de los átomos o hacia arriba en el de las estrellas y una vez dentro de ellos nos daremos cuenta que la muerte de un individúo no tiene ninguna trascendencia pues este es tan solo un sistema más de los tantos sistemas de todo el Universo que se diluyen en la inmensidad del tiempo y el espacio. Nuestra muerte será tan un hecho intrascendente con respecto al todo que permanece y continua, algo natural para un Universo que se encuentra en constante evolución. Con la muerte nuestra materia no se destruirá simplemente cuando nuestro sistema rompa su frágil equilibrio nuestros átomos se integraran a otros sistemas dentro de este basto Cosmos que nos contiene. Aún y cuando un individuo muera la humanidad continuará, aún si la humanidad se extinguiera, la vida continuará, y si la vida también terminara el universo continuará, conteniéndonos a todos por que estamos irremediablemente atados a él y en cierta forma somos tan eternos como el mismo. La individualidad y la muerte son tan solo una ilusión.

El egoísmo también trae consigo otro profundo sentimiento: la soledad y este a su vez trae consigo cierta neurosis que nos llena de una ansiedad en la que el estar solo se convierte en una pesadilla, y si miramos a nuestro alrededor veremos que hay muchísima gente que lo padece y tal vez hasta nosotros mismos. En palabras de Erich Fromm “Lo más penoso de toda neurosis es la sensación de aislamiento, de estar a parte” y sus raíces son las mismas, por lo que si queremos dejar para siempre ese sentimiento de soledad que nos persigue desde que nacemos debemos de desarrollar una visión que nos permita ver las cosas en el más alto nivel posible, desarrollando una perceptiva global, cósmica desde la cual no solo nuestras diferencias con lo demás lucen mucho más pequeños sino que nos permitirá comprender lo enlazados que estamos unos con otros sin importar nuestra raza o nuestra especie. Por que a ese nivel las fronteras, los bordes y los límites desaparecen para dar paso a un todo continuo y por que a través de esa visión global podemos entender que no estamos solos por que en realidad no somos seres individuales sin que todos somos tan solo una parte de un todo mucho mayor.

El conocimiento de que estamos profundamente entrelazados unos con otros es lo que el Cosmos nos dio a cambio por renunciar a nuestro preciado “principio de causalidad”, es decir por abandonar esa ilusión por conocer y entenderlo todo, pero sin duda recibimos algo mucho más grande que lo que tuvimos que abandonar.

R. Méndez

 

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